Aeropuerto

Tunja tiene aeropuerto. Aunque tal vez parezca broma, en esta capital existe un lugar pensado y construido, por allá en la mitad del siglo pasado, para recibir y despachar aviones. Quizá alguien saque de sus recuerdos la imagen de un paraje aislado, donde al lado de una curiosa torrecita ha compartido un almuerzo de olla. Otra persona puede pensar en ese enigmático destino al que ha llevado su carro para realizar "piques" en una desolada pista. Pues sí, ese es el Gustavo Rojas Pinilla, el "aeródromo" local que a pesar de llamarse como aquel tunjano cuyo nombre sugiere fortaleza y convicción, en realidad ha existido con otras características. Inaugurado tres veces pero casi nunca utilizado, podría considerarse un patrimonio alusivo al propósito de modernizar la ciudad, pero también un referente de olvido, despreocupación y oportunismo.


 

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Para saber más

  • Revista Boyacá: Nros. 3-4, mayo-junio de 1955; Nro. 8, agosto de 1956

  • El Boyacense, 30 de junio de 1948; 14 de agosto de 1951.

  • Hidalgo Guerrero, Adriana. (2012). Tunja: primera modernización, aniversarios y obras públicas (1905-1939). Tunja: Ediciones Universidad de Boyacá.

  • Hidalgo Guerrero, Adriana. (2014). Tunja: transformación urbana a partir de la vivienda obrera (1940-1957). Tunja: Ediciones Universidad de Boyacá.

  • Hidalgo Guerrero, Adriana. (2010). Morfología y actores urbanos en la periferia urbana. Caso Tunja, Boyacá 1908-2005. Tesis doctoral. Disponible en http://oa.upm.es/5963/

Conexión con otros elementos

Entre la historia del aeropuerto y las de otros representantes del patrimonio difuso de Tunja existe un denominador común: se trata de obras pensadas y realizadas en un momento histórico caracterizado por la intención –especialmente de los gobernantes– de modernizar la ciudad, facilitar su conexión con el resto del país e impulsar un mayor acercamiento hacia procesos e ideas que correspondieran con esa idea “moderna”.

Esas otras historias son la de la Normal Masculina y los Silos, cuya aparición en Tunja se dio también hacia la mitad del siglo pasado. Además, todas estas obras ocupan áreas que no estaban urbanizadas, con lo cual se impulsa el crecimiento de la ciudad hacia sectores diferentes al centro histórico. Entonces, es también la historia de una descentralización caracterizada por la expansión urbana sobre terrenos aún rurales por aquel entonces.

Pero la conexión más sorprendente en términos arquitectónicos se da con una edificación ubicada a cientos de kilómetros de distancia: el Pabellón Alemán, diseñado por Mies van der Rohe para la Exposición Internacional de 1929 en Barcelona. Considerado uno de los edificios fundamentales de la arquitectura moderna, fue una especie de presentación para esa Alemania que después de ser derrotada en la Primera Guerra Mundial, buscaba anunciar al mundo su nuevo poderío enmarcado en la adopción de ideas modernas y en la preservación de sus raíces ancladas en la historia clásica.

Mies van der Rohe pensó su pabellón como un edificio y nada más, sin arte ni esculturas, pues simplemente se trataría de un lugar de tranquilidad, donde los visitantes pudieran refugiarse del bullicio de la exposición. A pesar de esta intención, los amplios ventanales continuos que demarcaban el límite exterior fueron interpretados por muchos como una alusión a la idea de libertad, progreso y transparencia que Alemania buscaba reflejar en su momento, aunque a pasos agigantados se aproximaban los tiempos de la dictadura nazista. A su vez, esa pretendida sencillez se cimentaba en materiales revestidos de cierta exclusividad, pues además del vidrio se utilizó acero, hormigón armado, piedra y cuatro tipos diferentes de mármol: travertino romano, verde de los Alpes, verde antiguo de Grecia y ónice doré africano.

Claro está que ese empleo de materiales diversos y la introducción de nuevas técnicas en la construcción correspondían al propósito de plasmar las ideas del entonces naciente movimiento moderno arquitectónico. Estas características se reflejaron particularmente en el techo, pues por su baja altura da la impresión de flotar. Así, si bien fue desmontado al finalizar la exposición, el hecho de haberse convertido en un referente de la Arquitectura llevó a que en la década del ochenta se gestara la idea de reconstruirlo en su emplazamiento original, lo cual se materializó en 1986.

Así como el pabellón se pensó y construyó para transmitir la idea de una Alemania moderna, con el aeropuerto de Tunja también se quiso expresar que la ciudad y Colombia estaban en la modernidad. Este aeródromo guarda entonces un valor como referencia a esa idea, como también desde el punto de vista arquitectónico, pues las construcciones guardan semejanza. Es una presencia cercana de un momento significativo de la arquitectura del siglo pasado.

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