Normal de varones

Niños presurosos corren por los pasillos para llegar a tiempo a su salón de clase, donde esperan que el profesor aclare sus dudas sobre el "método científico". A unos cuantos metros de distancia, un grupo de jóvenes discute cuáles teorías son las más adecuadas para elaborar el marco teórico de su proyecto investigativo. Es el bullicio, los desafíos y las recompensas de la educación, una dinámica que se replica permanentemente en los edificios donde hoy funcionan la Escuela Normal Superior de Santiago de Tunja y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, para muchos, casi todos, simplemente la UPTC. En varios pasillos y salones de estas instituciones emblemáticas para los tunjanos se ha escrito buena parte de la historia de la pedagogía, no sólo de la ciudad, sino del país. Además, las construcciones mismas, más allá de ser componentes del paisaje urbano, narran un capítulo de la arquitectura, cuando las ideas modernas determinaron los espacios que estarían al servicio de la enseñanza.


 

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Historia

escuela normal masculina

uptc CarlosNino1990Para los tunjanos, esos edificios cuya blanca cobertura es interrumpida en algunas secciones por letreros escritos con aerosol, de un tono cargado de aire revolucionario, lucha de clases y acceso masivo a la educación, o bien de composiciones variopintas que sus creadores conciben como murales, se han convertido en una pieza más del paisaje urbano, de la ya familiar sede de la UPTC y del colegio de bachillerato “Escuela Normal Superior Santiago de Tunja”. Pero quizá pocos conocen que esos sólidos bloques, además de su propia historia, encierran otra igualmente significativa, como es aquella de la Escuela Normal de Varones.

Esta última comenzó con la promulgación del decreto del 1º de noviembre de 1870, por medio del cual se definieron varios fundamentos para la educación pública en la amalgama de provincias semiautónomas que por entonces conformaban los Estados Unidos de Colombia. En las capitales de estas, según lo determinaba esa Ley orgánica para la instrucción, era imperioso instalar escuelas normales cuya dirección se confiaría a maestros alemanes, quienes eran vistos como los depositarios y exponentes de una larga tradición y de nuevas visiones sobre el ejercicio pedagógico. Así llegó la primera misión alemana al país.

uptc RevBoy 1955La determinación en cuanto a los encargados de guiar los destinos de las instituciones resultó, en principio, un obstáculo para el caso de Tunja, pues Ernest Hotschick (el director asignado) profesaba el protestantismo, condición que desencadenó las airadas protestas del clero y de numerosos padres de familia. Resultaba inconcebible dejar el cuidado y la orientación de los menores a personajes cuyas creencias y prácticas constituían una afrenta y una amenaza para los inmaculados y elevados preceptos del catolicismo, doctrina no solo prevaleciente sino irrefutable en la villa del altiplano, a pesar de que se vivían los tiempos de un liberalismo radical empecinado en implantar una enseñanza laica, opuesta a la formación eclesiástica de cimientos medievales. En consecuencia, aunque el inicio oficial de las labores en la Escuela de la capital departamental se verificó el 22 de septiembre de 1872 en la antigua Casa de la Torre (hoy sede de la Gobernación de Boyacá), el escaso número de alumnos durante el primer año de actividades hizo temer un prematuro cierre. Fue gracias a la intervención de un alto jerarca de la iglesia –católica, por supuesto– que el debate quedó resuelto mediante la adopción de una especie de “tercera vía”: el europeo podría permanecer en el plantel, pero la enseñanza religiosa sería asunto de los sacerdotes.

Sin embargo, en aquellos primeros años de funcionamiento, el fortalecimiento de las ideas liberales golpeó la supremacía económica e ideológica del clero. En consecuencia, se dictaron normas para reducir el monopolio eclesiástico de la educación y proclamar la libertad de enseñanza. Naturalmente, aparecieron opositores de estas disposiciones, en su gran mayoría miembros del partido conservador, quienes orquestaron una gran arremetida contra la instrucción laica. En su empeño por contrarrestar las tesis y acciones del liberalismo radical, trajeron al país comunidades religiosas con el fin de organizar escuelas gratuitas donde las masas fueran instruidas en oficios y labores pero sin abandonar los dogmas de la moral cristiana. Para reforzar esta estrategia, los defensores de la Iglesia contrataron sociedades católicas que se encargaron de exacerbar los sentimientos religiosos de los habitantes y los instaron a luchar contra el infame laicismo. Esta situación llevó a un caos, cuya más cruenta expresión fue la guerra civil de 1876, denominada, justamente, “de las escuelas”.

uptc IGAC1957Hotschick permaneció en Colombia algún tiempo después de la finalización de aquel conflicto y contribuyó a la creación de asociaciones dedicadas a la difusión de la instrucción pública. En cierta medida, el comienzo de estas escuelas favoreció una alfabetización pedagógica de los maestros y propició el surgimiento de una intelectualidad visionaria, consciente del importante papel ocupado por la educación, en medio de las marcadas oposiciones en cuanto a los modelos a seguir. El debate ideológico entre utilitaristas liberales y conservadores partidarios del cristianismo fue atenuado en las postrimerías del siglo XIX con la Regeneración, sistema de gobierno sustentado en el centralismo y en la máxima “Dios y patria”, que dejó la dirección educativa a cargo del clero y llevó a numerosos planteles a seguir esta ideología.

Los ecos de esa orientación transitaron a la par con las directrices fundacionales de la Escuela Normal, enmarcadas en lo que se ha conocido como educación integral, basada en un sentido humanista universal. La institución prosiguió así con la formación sistemática y progresiva de maestros, si bien en 1925 se produjo un viraje cuando se adoptó la “Escuela Nueva”. Este modelo estaba asociado con la Enseñanza Activa, corriente pedagógica de auge en Europa dirigida a cimentar una formación más acorde con la psicología infantil y con los requerimientos que en aquel entonces planteaba la vida moderna.

Un año más tarde, Rafael Bernal Jiménez y Silvino Rodríguez, Secretario de Educación y gobernador de Boyacá, respectivamente, contrataron a Julius Sieber, quien asumiría la rectoría de la Escuela Normal. Este pedagogo, también alemán, reformó el reglamento interno y el plan de estudios, al tiempo que propuso la experimentación como estrategia pedagógica. El objetivo fundamental de su modelo fue crear en los maestros una conciencia investigativa y una educación en valores, pues estos profesionales representaban un modelo a seguir y debían dar testimonio de virtudes morales y cívicas a sus estudiantes. En esta modernización se buscó que las prácticas aún existentes del maestro autoritario y la enseñanza memorística, dieran paso a una mirada centrada en el alumno, en su actitud crítica y participativa.

Asimismo, Sieber colaboró con la reforma educativa en Boyacá y junto con Bernal Jiménez buscaron afianzar esa formación “nueva y activa”, enfocada en la investigación y contraria a la pasividad de la escuela tradicional. Esta reforma trajo otra necesidad, como fue la de contar con un mayor número de maestros sólidamente capacitados. En consecuencia, por medio de la ordenanza 10 de la Asamblea Departamental, en 1928 se organizó un curso suplementario anexo a la Escuela Normal, destinado a la formación de profesores normalistas y de secundaria. Así, a los programas regulares del plantel se adicionó un nivel superior para quienes se especializaran en la enseñanza normalista y secundaria. Cinco años más tarde, el decreto 301 de 1933 reorganizó el curso para convertirlo en una Facultad de Pedagogía orientada a la preparación de los “especialistas”, posteriormente llamados “licenciados”.

uptc facebookEn el gobierno de Enrique Olaya Herrera, mediante el decreto 1379 de 1934, esta Facultad pasó a ser “de Ciencias de la Educación”. Dicha decisión marcó un hito en la historia pedagógica de Colombia, pues los profesores Sieberianos adquirieron tal reconocimiento que fueron solicitados desde distintas partes del país para dirigir establecimientos públicos y privados. Sin embargo, esta destacada condición de la Facultad tunjana se vio afectada en 1935. El decreto 1917 de aquel año, expedido durante el gobierno liberal de Alfonso López Pumarejo, la fusionó con el Instituto Pedagógico Nacional y la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Bogotá para conformar un solo centro de estudios, cuya sede única fue la capital de la república. Tal determinación produjo desconcierto y protestas entre la población boyacense, ya que Tunja dejaba de ser un epicentro para la formación de maestros, pero finalmente la única opción fue aceptar la medida.

La unificación de las diferentes facultades no produjo cambios favorables en las políticas educativas de la administración López Pumarejo, lo cual llevó a buscar la autonomía administrativa y académica de esa única Facultad educativa. Este propósito se consolidó cuando la Ley 39 de 1936 reorganizó la institución y le otorgó el nombre de Escuela Normal Superior de Colombia. Este fue un modelo institucional y pedagógico determinante para la historia de la instrucción docente y la enseñanza superior en el país. Los docentes e investigadores allí formados replicaron su conocimiento con estrategias que conllevaron a una disminución de los índices de analfabetismo y pobreza.

Paradójicamente, por aquellos años en que Tunja dejó de ser sede de la Facultad de Educación, la Escuela Normal de Varones no sólo prosiguió con sus programas regulares sino que también fue dotada de una sede propia, pues desde su creación había sido una especie de nómada, en permanente tránsito por locales antiguos. De tal forma, la historia de la institución se unió con la de varios edificios todavía en uso en el campus de la UPTC.

En 1927 la Ordenanza 29 del 20 de abril ya había asignado recursos para esa sede, pero la conmemoración del IV centenario de la fundación de Tunja fue el impulso definitivo para la obra. Se eligieron entonces terrenos al norte de la ciudad, en una zona periférica y separada del centro histórico, en un punto que presentaba dificultades en materia de servicios públicos y transporte. El diseño final, elaborado en 1935 por Pablo de la Cruz, siguió un estilo premoderno definido como “vernacular modesto”, caracterizado por usar el color blanco de las paredes y una cubierta de teja de barro que al permanecer oculta tras un ático causa una impresión de purismo y cubismo. La concepción de estos nuevos espacios fue influenciada por las recomendaciones del Ministerio de Obras Públicas en lo concerniente a las dimensiones y la orientación de las aulas, pues se buscaba que cada salón, su iluminación, diseño y disposición, permitieran plasmar las ideas de la educación nueva y activa. Si bien el proyecto no se ejecutó exactamente de acuerdo con los planos, hoy en día subsisten tres elementos originales: 1) el bloque central con aulas, teatro, capilla y dormitorios, culminado alrededor de 1941; 2) la escuela anexa a la Normal; 3) la cancha de fútbol, inicialmente llamado "Stadium".

El primer edificio del conjunto fue entregado antes de las celebraciones en 1939, de hecho, en 1937 ya estaban en servicio dos pabellones, Una placa ubicada en la antigua Escuela Anexa ubica su construcción en 1937 por parte del Ing. Jorge Valvuena en la administración de J.J. Castro Martínez. El segundo se levantó entre 1940 y 1957.


En los años cincuenta se erigió otra edificación con una estética decididamente moderna donde en la actualidad cumple sus actividades la Escuela Normal como colegio de bachillerato, luego que las otras construcciones pasarán a integrar el campus de la UPTC.

uptc Hidalgo1992Ahora bien, el hecho de que esta universidad haya consolidado su campus en Tunja se debe al desarrollo mismo de la historia de la Escuela Normal Superior de Colombia. Cuando el país arribó a la mitad del siglo XX, la cruda violencia que se vivía a causa de la oposición entre liberales y conservadores repercutió en la institución y afectó a profesores y estudiantes, quienes fueron tachados −desde sectores afines al conservatismo− de revolucionarios y faltos de moral cristiana. Estas tensiones y otras complejidades administrativas dificultaron el manejo y llevaron al gobierno a expedir el decreto 192 de 1951 que cambió la denominación “Escuela Normal Superior” por la de “Escuela Normal Universitaria”, cuyas finalidades pasaron a enfocarse en la capacitación del docente universitario.

La nueva Escuela experimentó una transformación más ese mismo año cuando en la presidencia de Laureano Gómez, el decreto 1955 la dividió en dos secciones: una femenina cuya sede seguiría siendo Bogotá, específicamente el Instituto Pedagógico Nacional, y otra masculina que desde el 1º de enero de 1952 comenzó a trabajar en el edificio ocupado por la Escuela Normal de Varones de Tunja. Este plantel se convirtió entonces en una dependencia del centro educativo universitario que una vez más fue recibido por la capital boyacense.

Hasta este punto ya se trata de una historia de numerosos cambios, de nombres que se suceden uno tras otro con cada gobierno. Aun así, las transformaciones tendrían todavía más episodios. Con la llegada al poder de Gustavo Rojas Pinilla, en 1953 la Escuela Universitaria masculina de Tunja se convirtió en la Universidad Pedagógica de Colombia e incluyó también la formación de maestros de técnicas agrícolas y artes y oficios. Pero con la caída del General tunjano la institución entró en un momento difícil debido a los recortes presupuestales y la falta de atención gubernamental, situación que se agravó con las huelgas estudiantiles de finales de la década de 1950.

uptc Planeacion2013A pesar de las adversidades, el centro educativo superior siguió su recorrido y en 1960 abrió una facultad de Agronomía, lo cual le otorgó un carácter multiprofesional que abarcaba otras carreras, además de la pedagogía. Cuando en 1961 apareció la facultad de Ingeniería, se incorporó la palabra Tecnológica para llegar así al nombre de UPTC. A lo largo de los años sesenta la universidad consolidó su estructura institucional en varios aspectos: conformación administrativa, jerarquización de las directivas, estatuto del profesorado y reglamento interno de los estudiantes. A su vez, sus instalaciones siguieron desarrollándose, se construyeron nuevos edificios y aquellos inicialmente pensados para la Escuela Normal de Varones se incorporaron al campus.

Por su parte, la Escuela Normal preservó su condición de plantel anexo al alma máter y quedó conformado por una sección de bachillerato pedagógico y otra de académico, en dos jornadas diurnas que en 1972 fueron complementadas con una nocturna. En ese mismo año el nombre se tornó limitado, pues si bien seguía siendo “de Varones”, las mujeres ingresaron a sus aulas. A partir de 1977 se enfatizó en la formación de bachilleres pedagógicos y se implementaron cursos en convenio con la UPTC para preparar a quienes se decidieran por la docencia. Fue en 1999 que se adoptó la denominación actual, más acorde con su realidad de contar con estudiantes hombres y mujeres: Escuela Normal Superior Santiago de Tunja.

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