Normal de varones

Niños presurosos corren por los pasillos para llegar a tiempo a su salón de clase, donde esperan que el profesor aclare sus dudas sobre el "método científico". A unos cuantos metros de distancia, un grupo de jóvenes discute cuáles teorías son las más adecuadas para elaborar el marco teórico de su proyecto investigativo. Es el bullicio, los desafíos y las recompensas de la educación, una dinámica que se replica permanentemente en los edificios donde hoy funcionan la Escuela Normal Superior de Santiago de Tunja y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, para muchos, casi todos, simplemente la UPTC. En varios pasillos y salones de estas instituciones emblemáticas para los tunjanos se ha escrito buena parte de la historia de la pedagogía, no sólo de la ciudad, sino del país. Además, las construcciones mismas, más allá de ser componentes del paisaje urbano, narran un capítulo de la arquitectura, cuando las ideas modernas determinaron los espacios que estarían al servicio de la enseñanza.


 

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Valor patrimonial

El conjunto está compuesto por los edificios de la Escuela Normal Superior Santiago de Tunja, la antigua escuela anexa a la Normal (donde actualmente funcionan las aulas de Matemáticas y Estadística y la sede de Bienestar Universitario de la UPTC); la pista atlética y campo de fútbol que sigue siendo la misma desde 1938; y el antiguo edificio de la Escuela Normal de Varones, hoy edificio central. Se trata de un exponente de las transformaciones de Tunja, no sólo en términos de la expansión urbana y la aparición de un lenguaje arquitectónico moderno, sino también en cuanto a la concepción de la educación y la pedagogía se refiere.

Cuando la Escuela Normal de Varones se estableció en las edificaciones ubicadas al norte de Tunja, su objetivo de formar maestros para el nivel secundario y universitario se enfocaba en suplir la demanda de profesores, una de las principales metas de los gobiernos que durante la década de 1930 profesaban la “modernización” del país como una prioridad. Así, el complejo educativo representa un testimonio de aquellos años de propósitos renovadores en la vida nacional. Ciertamente, un cuerpo docente orientado bajo los ideales de la excelencia científica y la innovación pedagógica se veía como una base para que ese impulso modernizador no solo recayera en la construcción de infraestructuras, sino también en la sólida capacitación de los trabajadores encargados de soportarlas. Subyace entonces un valor patrimonial asociado con la alusión a un momento histórico en que se subrayó un precepto propio de los gobiernos democráticos: la educación es vital para la equidad social y el ejercicio efectivo de los derechos ciudadanos.

Valor arquitectónico y urbanístico

Como propuesta urbano-arquitectónica, el conjunto posee características destacadas. Una primera condición, descritas por Adriana Hidalgo en Tunja: Aniversarios y obras públicas, es la asociación de las edificaciones con un momento de gran relevancia para Tunja, pues su construcción definitiva fue impulsada por la conmemoración del IV centenario de fundación de la ciudad en 1939. En este sentido, recuerda la expansión urbana al haber sido erigido en su zona norte, lo que estimuló nuevos rumbos a la urbanización en esa dirección. Esta localización periférica pudo obedecer a la necesidad de establecer una diferencia con el trazado antiguo y colonial por ese entonces predominante. La aparición de estos modernos equipamientos, impulsados por el sector público, produjo una discontinuidad urbana, según comenta también Adriana Hidalgo en Morfología y actores urbanos en la periferia urbana.

Adicionalmente, las edificaciones representan un patrimonio en sí mismas dado su carácter de evidencias de un lenguaje arquitectónico puesto al servicio de los fines educativos. Al respecto, cabe recordar que para el tiempo del surgimiento del complejo donde se estableció la Escuela Normal, la construcción de escuelas en Colombia había quedado a cargo del Ministerio de Obras Públicas. Este despacho acogió recomendaciones en el sentido de otorgar a las aulas unas dimensiones y orientaciones específicas destinadas a articular los procesos de enseñanza y aprendizaje con las directrices de una pedagogía interesada en fomentar la acción y el pensamiento crítico de los estudiantes. Desde esta perspectiva, se adoptó una familia estilística que desarrollaba proyectos modulares, de planta simétrica y decoración parca, línea de la cual es representativo el conjunto aún hoy en funcionamiento.

Con estas características se buscaba favorecer un ambiente propicio para la enseñanza. Al revisar la planta del primer edificio de la Normal de Varones se observa una estricta simetría en la composición arquitectónica. De este modo se conforma un patio modernizado y rectangular, un pasillo longitudinal que comunica con las dependencias en la sección superior y después se transforma en un pasillo central de doble crujía, para rematar a cada lado en espacios de encuentro (capilla y auditorio) que dan un cierre al patio. El lenguaje de las fachadas se define como premoderno pues carece de ornamentos y utiliza proporciones horizontales aun cuando sigue el patrón simétrico. En el interior es muy llamativo el espacio central que fue en sus orígenes el comedor. Es un amplio espacio modulado por una serie de columnas rematadas en un capitel geométrico y que conforman pórticos y un cuidadoso diseño de piso en baldosín con motivos geométricos que igualmente se desarrollan a lo largo de los corredores. Llama también la atención los detalles constructivos de las escaleras, su comodidad y la amplitud que es celebrada por ventanales verticales de piso a techo. 

Detrás de esta construcción se construyó una cocina y frente al patio central un gimnasio y una escuela tipo que no se ejecutó conforme a los planos originales, pues se ubicó en el costado norte del primer edificio, con lo cual rompió la idea original de simetría. Esta planta conforma un claustro de una crujía, aunque el corredor no termina la vuelta completa como en los patios coloniales. Se observa el uso de proporciones rectangulares más que cuadradas. Igualmente, se aprecia una proximidad con el cubismo, la experimentación con vanos (partes del muro donde no hay apoyo para el techo) horizontales y la permanencia de módulos en las fachadas.

Cuando estas construcciones adquirieron un carácter universitario, en la década de 1950 se erigió un nuevo edificio para la Escuela Normal Superior de Santiago de Tunja, el actual colegio de bachillerato. En este caso se trata de un diseño evidentemente moderno, donde las ventanas separadas de proporción vertical fueron reemplazadas por ventanales continuos. Las columnas del primer piso evitan la presencia de muros estructurales y transmiten la sensación de que los dos pisos superiores flotan en el espacio gracias al uso del voladizo. La planta general es una T que conforma dos volúmenes a manera de prismas rectangulares con predominio de la proporción horizontal. Hay semejanza con sus antecesores en cuanto al acercamiento al cubismo, la ausencia de ornamento y el uso purista del color blanco. Otro elemento característico y común a todas las edificaciones, son los largos corredores.

Un elemento llamativo y lleno de significado lo constituyen una serie de dibujos inmersos en el piso del lobby principal con imágenes alusivas a temas educativos en matemática, ciencia y arte. 

Por supuesto, la permanencia del complejo en el tiempo también genera interrogantes:

¿Cómo nació el impulso de crear un centro para la formación de formadores?

¿Cuánto han variado los fundamentos conceptuales y disciplinares que a lo largo de los años se han aplicado en estos espacios como directrices para la educación?

Las modificaciones de los edificios, ¿Hasta qué punto dificultan la identificación de esas características denotativas de la filosofía pedagógica orientadora de la construcción?

¿Podemos ver reflejada la filosofía pedagógica en las construcciones que funcionaron como infraestructura para este espacio?

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Comentarios (2)

  • Invitado - Angie Marcela Baron

    La universidad como tal es una reliquia, una universidad, un colegio, cualquier lugar que reuna personas, tiene su gran historia y no solo la normaal de Varones donde actualmente funciona bienestar universitario de la UPTC es de valor historico, su conservación es esencial tanto para esta construccion como para sus alrededores.

  • Invitado - Adriana Arévalo

    Por mi parte, siento que la información aquí presentada es necesario reconocerla para saber de la historia que nos rodea y de esa manera no mostrarnos tan ignorantes ante la historia de tales edificaciones. Además, es de mucho agrado leer lo escrito respecto a la Normal porque a medida que se va realizando la lectura, se va generando una compresión de las diferencias de la anterior normal y la de ahora, lo cual, considero bastante interesante. A la vez, pienso que sería necesario subir unas imágenes que den cuenta del cambio del proceso de la normal para generarse una mayor comprensión de este proceso de transformación.

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