Silos

Para quienes se fijan en ellos, su presencia genera inquietudes. ¿Por qué están allí? ¿Para qué sirven? ¿Tendrán algún uso? Podrían ser el escenario perfecto para la filmación del video musical de un músico “urbano contemporáneo”: láminas metálicas acopladas unas con otras, sobreponiéndose con su robustez y contundencia a la altiplanicie y al tiempo. Claro está, el paso de los años ha dejado sus huellas y el óxido ha otorgado nuevos tonos a las superficies. Además, algunos nuevos y anónimos visitantes han impreso sus propias marcas con grafitis coloridos y otros dibujos de formas a veces indescifrables, pero que ciertamente contribuyen a esa atmósfera enigmática. Para el Quijote serían monstruos colosales, para la ciudad actual son testimonios de propósitos de industrialización, de búsqueda de “progreso”, de mutación constante. Su función original ya no se cumple más. Los granos ancestrales en su estado natural o los alimentos sometidos a dispendiosos procesos han dejado de ser resguardados allí para dar paso a todos los interrogantes causados por su presencia.


 

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Historia

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silos grafInicialmente subterráneos, emergieron a la superficie y la rebasaron: en el siglo XIX fueron vistos en Europa con un aspecto de torres macizas, de madera o piedra. Aquellos primeros silos adquirirían después una apariencia más semejante a la que ha trascendido hasta nuestros días, luego de que distintas experiencias evidenciaran la mejor resistencia de las paredes circulares a la presión causada por el almacenamiento. Posteriormente se siguieron empleando los materiales iniciales aunque se dio paso –y se privilegió– a otros: el concreto reforzado, también llamado hormigón, y finalmente el metal, tal como se aprecia en Tunja.

El trigo se convirtió en uno de sus huéspedes predilectos. En un libro titulado Construcción de Silos, publicado en 1962, Marcel Reimbert destacó los buenos resultados encontrados desde mediados del siglo XIX para la conservación del cereal en silos herméticos metálicos. Cuando estos son impermeabilizados por medio de selladores entre las juntas de las láminas, se logra una protección frente a las prinicipales amenazas de este producto agrícola: humedad, ataques de insectos y contaminación de los granos.

Al compararse con sus pares construidos en otros materiales, las estructuras verticales metálicas, imponentes por donde se las mire, han ofrecido ventajas: permiten almacenar grandes volúmenes de material, pueden ser llenados y descargados de forma sencilla, los contenidos se distribuyen y acomodan por sí mismos en su interior, ofrecen mayor seguridad ante el fuego y construirlos resulta más económico y rápido. Claro está, no todo es un inventario de bondades: los granos suelen partirse mientras descienden por las entrañas de las moles, cuya limpieza, además, es tan titánica como sus dimensiones.

sil revBoy 1955En 1980, Álvaro Castillo Niño comentó en el libro Acondicionamiento de granos: secamiento, almacenamiento y costos, publicado como parte del programa colombiano de capacitación agropecuaria, que la mayoría de los granos producidos en el país se almacenaba en bodegas y tan solo una quinta parte en silos de concreto o metal. Esta es otra razón para que las construcciones de Tunja estén revestidas de un toque de singularidad. Cuando aparecieron, hacían parte de los propósitos gubernamentales de crear una zona industrial en el por entonces escasamente urbanizado norte de la ciudad. A mediados de los cincuenta, la expansión urbana llegaba hasta los modernos edificios de la recientemente constituida Universidad Pedagógica de Colombia, por lo tanto, aquellos terrenos no eran considerados por el planeamiento. Sin embargo, los contrastes planteados por su localización geográfica los convertían en un lugar apropiado para ubicar allí las instalaciones destinadas a impulsar la incipiente industria local. En efecto, estaban cerca de la línea del ferrocarril del Nordeste, pero lejos del centro tradicional, donde aún se concentraban casi todas las viviendas y actividades. Así, además de los silos, inaugurados en agosto de 1955, se construyeron bodegas adyacentes y tres años después, la Electrificadora de Boyacá.

La ciudad creció, absorvió y rebasó esa franja industrial, con la cual sucedió lo opuesto: no tuvo desarrollo y con los años, algunas de sus infraestructuras dejaron de utilizarse. Por el contrario, en sus proximidades se formaron barrios residenciales que terminaron rodeando su costado occidental, pensado para fábricas, silos y similares. Esta transformación conllevó a la pérdida del uso inicial, pues los complejos que alcanzaron a establecerse, si retomaran una actividad intensa, podrían verse como causantes de contaminación para quienes habitan en sus cercanías. Además, al no haberse consolidado en Tunja una verdadera producción industrial, el impulso inicial dado a ese epicentro se diluyó paulatinamente.

Pero en el comienzo, las ideas y expectativas eran otras. Boyacá es una región bendecida por la diversidad de productos que son ofrendados por la tierra y sembrados en sus parcelas y dehesas. Maíz, papa, auyama, fríjol, arracacha, cubios, hibias, zanahoria, calabaza y gran variedad de frutas, son algunos integrantes de la extensa lista de cuanto plantaban los Muiscas antes de la llegada de los españoles. Estos trajeron el trigo, que con una rapidez similar a la empleada por los conquistadores en la “pacificación” de las gentes nativas, se convirtió en un alimento de gran consumo, y por ende, en una planta ampliamente cultivada.

sil IGAC1957En los comienzos del siglo XX, la agricultura en Tunja abastecía las necesidades domésticas y pocos excedentes se generaban para ser destinados al mercado local, cuya mayor expresión era la colorida reunión usualmente realizada los viernes en la plaza mayor, donde se instalaban toldos para ofrecer las mercancias. Hacia mediados del siglo la producción se había incrementado pero afrontaba varias dificultades, entre ellas, la realización de funciones iguales por parte de múltiples organismos, ante lo cual se solicitaba la creación de una Secretaría de Agricultura que funcionara como dirección técnica unificada. Asimismo, según lo denunciaba la revista Boyacá de mayo de 1956, se encontraba la inexistencia de organizaciones capaces de regular el mercado de los productos en épocas de cosecha y de almacenarlos para su abastecimiento en los meses de escasez. Esta entidad, la Secretaría departamental de Agricultura, comenzaría a funcionar al año siguiente, realizando sus programas de manera conjunta y colaborativa con el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

En este contexto, siguiendo tecnologías constructivas trasplantadas de Europa, surgieron los silos. Su inauguración en 1955 (justamente el 6 de agosto, día del cumpleaños de la ciudad), fue saludada con satisfacción por la misma publicación: “pueden tener seguramente benéfica ayuda”. Su administración quedó a cargo del Instituto Nacional de Abastecimiento (INA), creado en 1944 con carácter de entidad autónoma de servicio público pero que mantenía las normas y prácticas de las instituciones privadas. Los cambios de denominación de este organismo fueron constantes: en 1954 pasó a llamarse “Corporación de Defensa de Productos Agrícolas”, en 1958 de nuevo fue el INA, más tarde, tras la reforma administrativa de 1968, tomó el nombre de Idema (Instituto de Mercadeo Agropecuario) con el que se conoció por más tiempo para operar bajo la naturaleza de entidad pública y luego como empresa industrial y comercial del Estado.

sil IGAC1973Durante 50 años, sobreponiéndose a los cambios de gobierno, a los rumbos y énfasis que cada mandatario y sus equipos técnicos pretendían asignar a la agricultura, los silos de Tunja fueron empleados para almacenar y preservar una buena parte de esa riqueza que los campos han ofrendado desde siempre a la región. Su estructura ha permanecido casi invariable: una batería compuesta por 11 cilindros con alturas y diámetros diferentes, conectados verticalmente y distinguidos entre sí por su numeración. En su parte superior se encuentra una sala rectangular que servía como puesto de control y observación, y por doquier se aprecian tubos, embudos y escaleras. Los cilindros identificados con los números 2, 4 y 6 (al costado sur) y 3, 5 y 7 (al norte) con sus 16 mts son más bajos que el resto. Sobre este conjunto se erige el de mayor altura (aproximadamente 29 mts), dotado de conexiones hacia los demás. Al costado oriental de la torre central aparece otra semejante, la número 8. Por su parte, los dos ubicados al costado occidental se levantan hasta alrededor de 28 mts. Junto a la planta se sitúan bodegas y casetas de maquinaria.

sil IGAC1989Sus últimos años de operación corrieron por cuenta de la empresa privada Trigonal, hasta que la firma siguió otros rumbos y dejó de emplear las instalaciones, convertidas ahora en gigantes durmientes incapaces de defenderse ante las propuestas de desmantelamiento que amenazan con abatirlos. Sin embargo, los coqueteos con adecuaciones orientadas a conferir otros usos al lugar quizá se impongan y propicien nuevos horizontes.

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